Sunday, 8 June 2014

Una Nueva Forma de Resistencia a las Compras de Ropa

Desde hace años, he odiado ir de compras para ropa. No estoy segura de cómo comenzó esta aversión. Quizás cómo adolescente estaba consciente de mi forma física (¡teniendo caderas visibles!), o quizás sentía que comprar ropa demostraba cierto materialismo que no quería promocionar. O será que no encontraba mi estilo. Comoquiera que resultó, el resultado fue una joven de 17 años que pasó un verano entero vestida de camiseta enorme y regalada, un short verde y cómodo, y usando el mismo par de sandalias gastadas, diciendo que mi vida ideal sería la de una chica indígena de una tribu aislada, preferiblemente en un siglo del pasado más sencillo. Aunque dijera que no me importaba mi presentación física, sentía en lo profundo de mi corazón una vergüenza acerca de mi modo de vestir, y me quedé con la idea de que era menos 'mujer' que mis compañeras porque no me gustaba ir de compras y no me cuidaba mucho la apariencia.

Imagínate la reacción cuando este adolescente desaliñada llegó a la capital de la belleza: Argentina, Sudamérica, en la cual la gente se baña dos veces por día, se lava las zapatillas al menos una vez por semana y se viste de ropa ajustada, sin importar la forma física. No pasó mucho tiempo antes de que mi familia anfitriona me hizo saber que mi ropa no estaba bien y me llevó de compras.

Regresando a Australia, mi familia y amigos notaron la diferencia. ¡'Rosa' tenía forma y estilo! A pesar del nuevo estilo latino, todavía me pesaba ir de compras, y mi esposo querido se recuerda del barrinche que hacía cada vez que íbamos de compras para buscar ropa, ya que mi linda ropa argentina se estaba gastando. Yo no veía el sentido de comprar ropa hecha por mayor, de telas sintéticas, de tiendas de cadena y mayormente fabricada en el Asia del Sur, donde yo no tenía ni idea de las condiciones laborales o el impacto ambiental de las telas en las cuales yo estaba invertiendo. No me importaba si la ropa estaba barata. Para mi, esas compras todavía contribuían a una lenta muerte global.

Un par de años después, estaba sentada en una clase de educación física en la universidad, viendo un documental llamado 'La Económica de la Felicidad'. Casi lloraba viendo los efectos terribles de las compañías multinacionales que cerraban negocios locales y rendían anticuadas las culturas tradicionales en todo el mundo con sus fábricas enormes y sus cultivos agotados de mala calidad y llenos de veneno. Afortunadamente, el final del documental proveyó una semilla de esperanza que despertó algo en mi: la denominada 'localización'. ¡Así tiene que ser! pensé. Tendría que hallar el productor local de lana, un cortador de sastre y un diseñador de ropa para vestirme, o bien, aprender a tejer ropas por mi misma. Soñaba de un modo de vida en una comunidad en la cual cada persona produciera un producto diferente y todos vivieran una existencia completamente sostenible.

Faltando las habilidades y recursos para realizar este sueño, buscaba ropa en las ferias. La ropa ahí era más que nada del estilo 'hippie' que no me interesaba mucho, y la ropa 'australiana' que encontré en Internet no estaba fabricada acá y la mayoría no estaba hecha de textiles naturales. Encima, esa ropa era muy cara. El próximo intento fue buscar ropa en las grandes tiendas de buena reputación, que fuera al menos de calidad y no se tendría que reemplazar cada año. Ninguna de estas tiendas pudieron decir que tenían ropa de telas naturales, y eso buscaba yo para evitar el sudor y picazón que me daba mi ropa sintética.

Al final, busqué en Internet la frase 'ropa orgánica y natural en Australia' y encontré la respuesta que necesitaba. Había varios sitios web que vendían ropa cómoda y duradera, de algodón orgánico, bambú y lana merina, a un precio razonable. Aunque sea esto sólo el comienzo de este nuevo viaje de compras sostenibles, me alegró mucho saber que el campo de ropa ética y sostenible esta creciendo. Me gusta la idea que, estando fuera del modo de compras que hace la mayoría de la gente, comprar todo de negocios pequeños y éticos por medio de internet en vez de comprar todo en los centros comerciantes sin pensarlo dos veces ¡se puede considerar como una nueva forma de resistencia a las compras!

Y bueno. Ya es tiempo que ustedes comenten: ¿Tú alguna vez has hallado un producto ético que te encantó en absoluto? ¿Tienes una marca preferida de ropa natural? o ¿Sabes coserla? O bien, ¿Sentiste alguna vez un desencanto con las prácticas de compras comunes y encontraste una mejor alternativa?

Saludos pensativos,

The Learning Philosopher

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